MEMORIA DE LA HISTORIA

Cataluña en la Guerra de la Independencia

Como recogen múltiples historiadores, si la resistencia contra el invasor francés fue generalizada en toda España, posiblemente fuera en Cataluña donde esta lucha resultase más feroz.


Artículo publicado en Cuadernos de Encuentro, núm. 153, de Verano de 2023. Ver portada de Cuadernos de Encuentro en La Razón de la Proa (LRP). Recibir el boletín de LRP.

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'El gran día de Gerona'. La obra, de César Álvarez Dumont, representa el sitio de Gerona de 1809, ocurrido durante la Guerra de la Independencia española. El cuadro está en el Castillo de San Fernando (Figueras)
Cataluña en la Guerra de la Independencia

Cataluña en la Guerra de la Independencia


En febrero de 1808 dio comienzo la penetración de los ejércitos franceses en Cataluña, que a la sazón contaba con una población de 900.000 habitantes aproximadamente. Al principio los franceses sólo dominaban Figueras y la ciudad de Barcelona, pero, poco a poco, se fueron extendiendo por todo el Principado. En los inicios el jefe del ejército de ocupación, general Duhesme, aplicó una política de mano dura, pero después, habiendo recibido instrucciones al respecto, pasó a realizar una política de atracción, «puesto que ha de actuar con la idea de que quiero unir esta provincia a Francia», según testimonio escrito del propio Napoleón. Los manifiestos, proclamas y periódicos aparecieron entonces escritos en francés y en catalán. Vinieron una serie de funcionarios franceses jóvenes y bien preparados para hacerse cargo de la dirección de la Administración Pública y profundizar en la tarea de «afrancesar» a Cataluña. Esa política, unida al hecho, que parecía irreversible, de los éxitos militares de los ejércitos franceses, llevó a algunos catalanes, de las capas altas de la sociedad, a aceptar el dominio de los invasores. Por decreto de Napoleón, de 26 de enero de 1812 Cataluña quedaba incorporada a Francia.

Pero, evidentemente, no todos los catalanes estaban dispuestos a aceptar el mandato de Napoleón. La gran mayoría se dispuso a combatirle.


Manresa

Aunque con la lentitud propia de la época, no cabe duda que las noticias del engaño a que fueron sometidos los españoles por Napoleón, para adueñarse de ciudades y fortalezas de nuestro país, también llegaron a Manresa. Esto, unido a las repugnantes escenas de Bayona, donde se hallaba secuestrada la familia real española, en 1808, la abdicación de Carlos IV, como rey, a favor del intruso, y la epopeya del 2 de mayo en Madrid, fueron causas más que suficientes para levantar el patriotismo de los catalanes. Es decir, en esos momentos surgió una conjunción de factores que, evidentemente, permiten dar una explicación razonable a la sublevación popular.

Dueños de Barcelona los franceses, el general Diezme mandó publicar un bando que, entre otras cosas decía:

«Todo pueblo grande o chico que se atreva a levantarse, será privado de sus privilegios y desarmado; y si en él se derramara la sangre francesa será quemado y sus autoridades, que no habrán contenido la turbulencia, serán juzgadas criminalmente…».

Entre otras providencias, el citado general dispuso se comunicara a todos los municipios de Cataluña la obligatoriedad de remitir a Barcelona todo el papel sellado que tuviesen (se trataba del papel oficial que se utilizaba para redactar documentos públicos) al objeto de devolverlo a los mismos ayuntamientos con una inscripción que decía: «Valga por el Lugarteniente General del Reino». El lugarteniente era el general Murat.

El día 2 de junio del año 1808, a la hora de mercado, llegó a la plaza mayor de Manresa un carro cargado con el papel sellado que correspondía a ese ayuntamiento. Empezaron a descargar paquetes para subirlos a las oficinas correspondientes, pero no tuvieron tiempo de llegar. Un grupo de hombres decididos cogieron los paquetes y formaron una gran hoguera, allí mismo, con dicho papel. Muchas payesas desmontaron sus paradas por temor a la algarada, y numerosos forasteros que habían acudido simplemente al mercado se marcharon precipitadamente a sus lugares de origen para contar lo sucedido. Al poco rato se abrieron las puertas de la balconada del Ayuntamiento y salieron las autoridades locales, encabezadas por el alcalde y el rector de la Seo, llevando todos una cinta cosida en el sombrero con los colores de la bandera española y gritando: «¡Viva la religión!... ¡Viva Fernando!... ¡Viva la Patria!». Acto seguido se constituyó una Junta de Defensa, compuesta por el gobernador, el Ayuntamiento, varios ciudadanos notables y representantes de los Gremios de la ciudad. Esta Junta, previendo las consecuencias que podría traer consigo el acto de rebeldía, determinó organizar al pueblo para la defensa si fuera el caso.

En efecto, los franceses de Barcelona no podían pasar por alto un ultraje semejante; sobre todo por lo que éste pudiera tener de ejemplo a imitar. En consecuencia, las autoridades militares de ocupación decidieron que el día siguiente de los hechos, 3 de junio, se organizara una fuerte columna de tropas que, en dirección Manresa y Lérida, saldría el día 4 de Barcelona, llevando una orden secreta (posteriormente conocida por los historiadores) que disponía un castigo ejemplar para la ciudad de Manresa por haberse atrevido a quemar el papel sellado de los usurpadores. Estaba claro que los gobernantes franceses querían atajar las conmociones patrióticas de raíz, antes de que cundieran en otros lugares del Principado donde el ambiente ya estaba caldeado. El castigo para Manresa tenía que ser aleccionador por haber sido la primera ciudad de Cataluña que alzó bandera de rebeldía.

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Una imagen del cuadro La quema del papel sellado (1895, por Francesc Cuixart Barjau). La escena es una interpretación de una pintura mural de 1811 de la masía Les Farreres de Relllinars, de la cual existe una copia del mismo Cuixart del año 1897 en el Museo Comarcal de Manresa.

El Bruch

Mientras los militares franceses se preparaban para salir hacia la ciudad rebelde, los manresanos se aprestaban a la defensa. Se ocupaban en recoger todas las armas que había en la ciudad y enviaban a buscar más a Santpedor y al castillo de Cardona. Se pidió a la población que todo aquel que tuviese objetos de plomo, estaño, u otros objetos de metal útiles para hacer balas de fusil, los entregaran. Así tenemos la anécdota de que fue precisamente un manresano, Manel Casanya, el primero que inventó un proyectil de fusil de forma cilíndrica, al aprovechar varillas de cortinas para hacer munición. Después se dieron cuenta que este proyectil era eficacísimo para atravesar el peto metálico de los coraceros franceses. Los escasos ciudadanos franceses que residían en la ciudad fueron encarcelados para evitar el espionaje a favor del enemigo; y los presos comunes fueron puestos en libertad con la condición de que luchasen contra los invasores.

Los manresanos, sabedores de que la columna militar francesa, al mando del general Schwartz, está en camino, convocan a Somatén, acudiendo también los de Vich, Igualada, Santpedor... y otros lugares de la comarca. Presididos por las banderas de la Purísima Concepción unos dos mil combatientes se aprestaban a tomar posiciones, a primera hora del día 6 de junio, en lugares estratégicos de El Bruch y de Can Massana, pasos entonces obligados para llegar a Manresa desde Barcelona.

A media mañana 3.800 soldados del ejército francés, con dos cañones y numerosa caballería, llegaban a las inmediaciones de los citados lugares, siendo recibidos con una descarga cerrada de fusilería y trabucos desde los pinares próximos. El inesperado fuego cogió desprevenidos a los coraceros que hacían de avanzadilla y causó gran mortandad entre ellos. La sorpresa desconcertó inicialmente a los franceses, que, poco después, reaccionan y se ponen en orden de combate.

Entretanto, los somatenes, bajo la dirección técnica del teniente suizo Francisco Krutter, siguen hostilizando a los franceses. Los paisanos se sienten cada vez más fuertes porque van engrosando sus filas con nuevas incorporaciones. Ahora, en plena batalla, aparecen los somatenes de Santpedor con su tambor batiente, Isidre Llussá y Casanovas, de 16 años. Se enardecen los ánimos y, sin más dilación, se pasa a un acorralamiento y persecución del enemigo logrando su total dispersión. La victoria de los patriotas en la primera batalla de El Bruch ha sido completa.

No menos lo fue la del 14 de junio, más empeñada si cabe, que la primera, porque el enemigo escarmentado, venía con nuevas y mayores fuerzas y los somatenes tuvieron tiempo de organizar sus compañías y proveerse de más y mejor armamento.

En estas acciones los franceses tuvieron su primera derrota militar en España. Pero a partir de entonces el general en jefe de las fuerzas de ocupación estaría siempre al acecho de la ciudad de Manresa, que no pudo ocupar hasta el año 1810, en unas circunstancias muy diferentes.

En efecto, como consecuencia de la derrota del Ejército español en Vich, el 20 de febrero de 1810, la defensa de la provincia (Cataluña) recayó en los somatenes. Pero éstos, sin el apoyo de los militares, tenían pocas probabilidades de éxito en operaciones bélicas. A partir de esta derrota de las armas españolas los soldados de Napoleón se sienten triunfantes y se pasean por Cataluña con jactancia. Recordando la afrenta sufrida en El Bruch, deciden acudir a Manresa, donde hicieron su entrada la tarde del 16 de marzo con una fuerte división compuesta por 7.000 infantes y 700 caballos. La ciudad se hallaba desierta. Sus habitantes disminuidos y debilitados por la guerra, no pudiendo oponer la menor resistencia, se habían refugiado en la montaña.

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La batalla del Bruch. Óleo sobre lienzo firmado por F. Reixach, inspirado en otro cuadro El somatén en El Bruc, obra de Martí i Alsina, que se conserva en el MNAC

Gerona

Pero no solo en Manresa fraguó la insurrección contra el francés. También tenemos las páginas gloriosas de Gerona. Si a Manresa le cabe el honor de haber sido la primera ciudad de Cataluña en rebelarse contra el usurpador, a Gerona le corresponde el de haber obtenido los máximos laureles de fidelidad y heroísmo.

A principios de mayo de 1809 los franceses empezaron a ocupar los pueblos de los alrededores de Gerona. El general español Álvarez de Castro previendo un sitio largo y duro aprestó la ciudad para la defensa haciendo acopio de víveres y municiones, y tomando aquellas providencias que estimó necesarias frente a lo que se avecinaba. Ante el inminente cerco, el general gobernador publicó este escueto bando: «Será pasado por las armas el que profiera la voz de capitular o de rendirse».

Al poco tiempo el general Saint-Cyr, con 18.000 soldados, se presentó ante la ciudad de Gerona, que solo disponía de unos 5.600 hombres. El general francés le envió un parlamentario indicándole que se rindiera, al que Álvarez de Castro respondió: «No queriendo tratar con los enemigos de su Patria, recibiría a cañonazos a cuantos parlamentarios le enviasen».

En agosto los franceses tomaron el castillo de Montjuich, la principal defensa de la ciudad que queda en un alto sobre la misma. Para entonces ya habían muerto las dos terceras partes de sus defensores. El general español no quiso claudicar y mandó construir barricadas y trincheras dentro de la ciudad, resistiendo dos asaltos más de los napoleónicos. Sin embargo, en diciembre, agotado y enfermo el general defensor, entregó el mando al brigadier don Juan Bolívar.

Cuando la ciudad se rindió, el 10 de diciembre, entre soldados y paisanos habían perecido unos 10.000 gerundenses. Pero la ciudad de Gerona no fue tomada nunca por asalto, a pesar de los tres intentos, sino por el hambre y las enfermedades producidas como consecuencia del cerco a que fue sometida por los franceses.

El general Álvarez de Castro murió el 22 de enero de 1810, prisionero de los franceses, en el castillo de Figueres, sin que se haya desvelado, todavía, si fue debido a causas naturales o por envenenamiento.

De aquellas fechas data esta cancioncilla que cantaban los defensores de Gerona:

Digasme tu, Girona
Si te n´arrendirás…
Lirom lireta
Cóm vols que m¨rendesca
Si España no vol pas.
Lirom fa la garideta,
Lirom fa lireta fa.

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El gran día de Gerona. Pintura al óleo de grandes dimensiones realizada por Ramón Martí Alsina (entre 1863 y 1964). Describe uno de los episodios más cruentos del Sitio de Gerona de 1809.

Tarragona

El 14 de mayo de 1811 las tropas francesas del mariscal Suchet atacaron Tarragona. Esta ciudad, en aquellos momentos, era la única plaza importante que quedaba en manos de los insurrectos en Cataluña, recibiendo por su puerto la ayuda de los ingleses y del resto de España; manteniendo muy vivo el espíritu patriótico de su población.

Los franceses destacaron para esta operación 15.000 infantes, 2.000 artilleros y 700 zapadores minadores. En total 20.000 soldados. Siendo reforzados más adelante por otros seis batallones (unos 4.000 soldados).

Al principio del sitio la guarnición de la ciudad estaba compuesta por unos 7.000 hombres escasos, de ellos una tercera parte eran milicianos (paisanos armados), todos ellos bajo las ordenes del gobernador don Juan Caro, hermano del famoso marqués de La Romana.

Tarragona se defendió bien y resistió hasta el 28 de junio de 1811 en que fue tomada al asalto. A partir de entonces los franceses dominaron todas las plazas importantes de Cataluña. Una junta de generales reunida en Cervera (1 de julio) acordó la evacuación militar de Cataluña.

A principios de 1813 los efectivos franceses en España empezaron a disminuir como consecuencia de la derrota de Napoleón en Rusia, lo que permitió tomar la iniciativa a Wellington y emprender una victoriosa campaña que culminó con las estrepitosas derrotas francesas de Vitoria y San Marcial. El 13 de marzo de 1814 Napoleón concedía la libertad a Fernando VII, que regresaba a España y el 11 de abril abdicaba Napoleón.

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Prise de Tarragone, 28 juin 1811. Pintura al óleo de Jean Charles Joseph Remond (1837). El cuadro está en el Museo Nacional del Castillo de Versalles.

Barcelona

(La llamada «conspiración del Día de la Ascensión»)

Diversos grupos de patriotas de la ciudad de Barcelona, en conexión con tropas españolas del exterior, prepararon un alzamiento que debía tener lugar a las 12 de la noche del día 12 de mayo de1809, día de la Ascensión. Estaban comprometidos unos siete mil barceloneses. Previamente se había comprado a los comandantes del fuerte de Montjuich y de Atarazanas, quienes a cambio de una fuerte suma de dinero se comprometieron a entregar dichas instalaciones. Montjuich sería ocupado por los Migueletes del Llobregat; desde el castillo se daría una señal, a las 12 en punto, para la sublevación general; pero pasó la hora convenida y no se dio la señal desde Montjuich, ni tampoco el repique general de campanas que sería la llamada a la sublevación. El jefe de las fuerzas españolas en Barcelona, general Coupigny , se había negado a autorizar la acción de los Migueletes del Llobregat en el último momento. Luego se supo que el capitán Provana, comandante del acuartelamiento de Atarazanas, había denunciado la conjura a la policía francesa.

Pocos días después, el 2 de junio, tuvo lugar el juicio de los 18 principales encausados por la conspiración. Los franceses tuvieron mucho interés en dar publicidad al proceso para que sirviera de escarmiento. Hubo cinco penas de muerte. Los sacerdotes Joaquín Pou y Juan Gallifa, serían ejecutados a garrote vil y los otros tres ahorcados. El acto tuvo lugar en la explanada de la Ciudadela a las 4 y media de la tarde.

Cuenta el historiador Marcelo Capdeferro:

«A la hora de la ejecución comenzaron a repicar las campanas de la catedral, con el típico sonido de la llamada a los somatenes, quizá con la ilusoria esperanza de un levantamiento popular que impidiera las ejecuciones. Los autores del hecho permanecieron tres días escondidos en la catedral. Ante la promesa de perdón se entregaron a la fuerza francesa que había permanecido en vigilancia constante en el interior del templo. No se cumplió la promesa; fueron ejecutados el 27 de junio. Se llamaban Ramón Mas, carpintero de ribera; Julián Portet, espartero; y Pedro Lastortras, cerrajero».

En recuerdo de estos mártires de la independencia existe hoy un monumento instalado en la plaza Garriga i Bachs, junto a la catedral de Barcelona.

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A los mártires de la independencia, también conocido como A los héroes de 1809. Conjunto monumental dedicado a la memoria de los barceloneses que lideraron la insurgencia contra las tropas napoleónicas en la ciudad de Barcelona.

Conclusiones

Como recogen múltiples historiadores, si la resistencia contra el invasor francés fue generalizada en toda España, posiblemente fuera en Cataluña donde esta lucha resultase más feroz. Además de la rebeldía pasiva de la inmensa mayoría de la población ocurrieron episodios bélicos extraordinarios, como las batallas de El Bruch, la defensa en los sitios de Gerona y de Tarragona, así como otros hechos de armas de menor envergadura; de todo lo cual puede concluirse que los catalanes, en su inmensa mayoría, no aceptaban al invasor pacíficamente.

Por otra parte es digno de resaltar cómo estos hechos históricos, tan señalados e incontrovertibles, son hoy silenciados (cuando no deformados) por la historiografía dominante. ¿Por qué el nacionalismo catalán omite cualquier referencia a la Guerra de Independencia? Lo que aflora, entre todos los acontecimientos de aquella, es la gesta de un pueblo, sin distinción de clases, que lucha por sus libertades (entendidas a su manera)… y por su propia esencia como parte de la nación española.